10 rechazos y el mejor “Sí” del verano

on

¡Saludos a todos! Antes de contar mi historia quiero agradecer a Laura de León por sus constantes emails llenos de oportunidades. Por favor continúa haciéndolo, sé que habemos varios que les sacamos provecho. A mi mentora la Dra. Lymari Fuentes-Claudio, eres un ejemplo a seguir para mí y en mi caso lo que usted llama regaños para mí son enseñanzas que me han venido muy bien. A mi mejor amiga Adia C. Aponte Marrero, que se lleva el crédito por el título de este escrito y gracias también por tu apoyo incondicional. También a mis hermanas, Gabriela y Thailiz, por unirse en esta experiencia conmigo. Finalmente, a Jacqueline Guzmán por la oportunidad de compartir mi experiencia y también por el apoyo hacia mí y a todos los demás estudiantes en nuestras aventuras.

Ahora sí, comparto mi historia con todos, pero especialmente con aquellos que, como yo, solicitaron a varios internados y en todos fueron rechazados. En mi caso fueron 10. Sí leyeron bien, fueron 10 rechazos, y una vez más pensé que no tenía más remedio que quedarme en la Isla y seguir trabajando en mi investigación con las famosas espinacas de mi mentora la Dra. Fuentes – Claudio. Por alguna razón desconocida decidí verificar mi email de la universidad y ahí fue que vi mi gran oportunidad entre todos los emails que nuestra querida Laurita nos envía constantemente. Una convocatoria para trabajar como voluntaria en el campamento del Hospital del Niño en Guaynabo la cual leí en el momento justo ya que faltaban entre dos a tres días para el “deadline”.

Sinceramente, aunque no me iba de la Isla a un lugar completamente nuevo como la mayoría de mis compañeros, los que me conocen, saben que estaba muy emocionada por esta oportunidad. Por la razón de que mis intereses más allá de la investigación científica es la medicina. Estaba emocionada porque iba a interactuar de tú a tú con estas personitas especiales que siempre están felices. Aunque les confieso que en la entrevista y los primeros días me sentía bien fuera de lugar y vieja porque todos los demás voluntarios eran adolescentes en busca de horas de servicio comunitario para sus escuelas. De todas maneras, no me importó, yo fui en busca de una experiencia nueva, que me llenara y me apasionara y justo eso fue lo que encontré.

Cuando llegué el primer día no sabía que había dos campamentos llevándose a cabo en el hospital. Estaba el del hospital como tal, que era el de los niños con discapacidades físicas y que vivían allí, al cual yo había solicitado. Estaba también el del Centro de Autismo allí mismo en el hospital, que fue en el que terminé por equivocación y despistada. Fue la mejor equivocación que me ha pasado, estos niños me robaron el corazón en cuestión de segundos.

La base del campamento es dar terapias del habla y lenguaje de la manera más creativa posible. Utilizamos desde barbasol, tierra y marshmallows hasta pistolas de agua, ¡cosas que jamás se me habrían ocurrido! Trabajé con niños entre las edades de 3-5 años por un periodo de tres semanas en el mes de julio. En varias ocasiones me encontré dando las terapias sola (claro bajo supervisión, pero yo tenía el control) y déjenme decirles que no hay mayor satisfacción que ver el progreso de estos niños y saber que uno fue parte de eso. Así como tampoco hay mejor sentimiento y emoción que el de recibir todos los abrazos, besos y “maestra, te quiero” inesperados y sinceros. Para los niños pasé de ser una extraña llamada Yanelle a ser “maestra”, para otros “mamá” y claro, el refugio a los regaños de las verdaderas maestras, las terapistas. Mis mañanas se convirtieron en cantar y bailar un repertorio de canciones de Atención atención. Y el resto del día además de las terapias, me dediqué a sacarle sonrisas, a escucharlos, pero sobre todo, a darles amor. Me divertí con ellos como nunca. Hicimos guerras con bombas de agua, guerras con “marshmallows” (pero shh, se supone que nadie lo sepa), corrimos y brincamos por todo el patio, y nos aplastamos unos a otros en el trampolín. Hasta los regaños que muchas veces eran inútiles, eran divertidos porque ni yo me los creía y terminábamos todos riéndonos.

Ellos definitivamente se convirtieron en mis niños y unos muy especiales. Cuando digo especiales abarco todas sus características y destaco su autismo (aunque no todos lo eran). Muchas veces uno escucha la palabra “autismo” y rápido lo ve de una manera negativa. A mí me pasó e incluso dudé de mi capacidad para trabajar con ellos. La realidad es que son unos genios y tienen una capacidad de aprendizaje extraordinaria. A mí me gusta decir que están “upgraded” y nosotros somos los regulares. Son niños muy llevaderos que lo único que necesitan es que los dejes ir a su paso y aunque parece que van lento, engañan. Cuando menos te lo esperas ahí están ellos listos para sorprenderte. Pero lo que los hace sumamente especial para mi es que son criaturas llenas de amor. Les puedo asegurar que en antiguas experiencias trabajando con niños nunca había tratado con niños tan amorosos y felices.

Fue una experiencia muy grata y enriquecedora para mí, pero de no haber puesto en práctica algo que mi mentora siempre les inculca a sus estudiantes no se me habría dado. Y es que debemos trabajar por aquello que deseamos y que tenemos en mente, pero siempre debemos tener un plan B, C y todos los que sean necesarios. Vuelvo y me dirijo especialmente a los que nos han cerrado puertas. No te digo que te rindas y dejes de buscar oportunidades de internado fuera de la isla. Al contrario, no permitas que un “No” te desanime al punto de no seguir luchando por los “Si” que te esperan más adelante, porque cuando una puerta se cierra definitivamente otras se abrirán. Esas pueden ser las del plan B o C y por eso te pido que tengas en cuenta a tu islita. Esta también está llena de oportunidades que ofrecernos. En mi caso fue el plan C (el plan B fueron las espinacas durante junio) y estoy segura que lo que esos niñitos me brindaron y me enseñaron como persona, estudiante y profesional no lo habría obtenido en ningún otro lugar. Aunque habría deseado poder seguir compartiendo con cada uno de ellos diariamente, me despido satisfecha rumbo a la puerta del plan D que me espera en lo que queda de vacaciones.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s