Caminando por la Ciudad de los Vientos, Chicago

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No fue hasta finales de mayo que una tarde bajándome del tren urbano con Andrea Vázquez recibo la notificación del último internado al que había solicitado. Desde el año pasado cuando me encontraba en St. Louis, Missouri en un internado preuniversitario decía que mi próxima parada sería Chicago, una ciudad que estaba en mi lista de la vida o “bucket list” como muchos le decimos. Previamente, no tuve suerte con los demás programas a los que había llenado siendo estudiante subgraduado de primer año, pero Argonne National Laboratory dijo que sí. Las primeras reacciones fueron mixtas, no sabía si aceptar o denegar la oportunidad ya que tenía planes en mente. Al final del día, luego de leer la carta de admisión cuatro veces para asegurarme que decía lo que yo creía, comuniqué mi decisión a mi familia y luego a la gente linda de CDEC que celebraron conmigo la noticia. Esto, porque todos sabemos que prácticamente vivimos en el segundo piso del Edificio de Investigación Científica de la Universidad Metropolitana, Cupey.

Una vez llego a Chicago (3 de julio) fue que internalicé que la aventura comenzaría al pisar fuera del aeropuerto. Por otro lado, al arribar a los dormitorios de estudiantes del laboratorio, no puedo negar que me sentía abrumado de lo grande que era esta institución del gobierno federal. Para empezar, no encontraba mi cuarto este siendo el número 19. Los números iban de dos en dos, pero al ser novato allí, no se me ocurrió ir por el otro lado del edificio para encontrar los dígitos impares (todo el día viajando, mi instinto de pensar estaba algo cansado ya). Así fue que conocí a mi primer compañero de apartamento al cual desperté sin querer buscando mi habitación. Ya adentro, la bienvenida fue una que necesitaba. Me recibieron cuatro personas que al día de hoy ya considero hermanos. No pasa un día en el cual no nos ayudamos mutuamente cuando no nos sale algo.

Al otro día, todos los estudiantes se estaban preparando para salir y gozar de las actividades en downtown. Desde el espectáculo de fuegos artificiales del Día de la Independencia de los Estados Unidos, “shows” musicales de artistas locales hasta los festivales de comida en cada esquina de la ciudad. Nunca había caminado tanto en mi vida, nunca había visto en persona la innovadora arquitectura que habita en el corazón de una de las principales ciudades de la Nación. Luego, mientras íbamos pasando por Millennium Park fue que vi a través de ojo, cornea y retina el Chicago Bean. Esta famosísima habichuela gigante es uno de los puntos de visita más importantes de Downtown Chicago. Un punto de interés es que el fondo de mi laptop tenía este lugar centralizado…sabrán que cambié la foto a una tocándola con mi mano. Ya tarde, de vuelta a los dormitorios, vi edificios que han salido en películas como Transformers: Dark of the Moon, esas fotos van para los álbumes se los aseguro.

Finalmente en mi primer día de trabajo, recibí todos los entrenamientos necesarios como estudiante del laboratorio junto con personas de todas partes del mundo. No se puede quedar fuera que las directrices se siguen al pie de la letra una vez dentro de los puntos de seguridad. Uno piensa que no están supervisando, pero sí, siempre están encima de todos asegurando que estemos haciendo nuestro trabajo como se debe. Después, cuando llegan los fines de semana, no nos encuentran. Es muy probable que estemos visitando The Art Institute of Chicago, Navy Pier, restaurants rústicos, museos, la Universidad de Chicago, el Skydeck del Willis Tower o gritando por las montañas rusas de Six Flags Great America.

He adquirido innumerables herramientas de laboratorio, de análisis y de interactuar con personas de altas posiciones aquí. Si hay algo que todos y digo TODOS han dicho, es esto: “Siempre que vienen estudiantes de Puerto Rico, nos encontramos en la posición de casi no devolverlos de tan dedicados, responsables, creativos y alegres que son.” Sólo llevo dos semanas y media por acá y siento que llevo años de tanta gente que he conocido, con la que he trabajado como igual. Sin embargo, esta historia no para aquí, también tengo mi propia oficina en la que sólo yo entiendo cómo están acomodadas las cosas ya que de momento puede ser que tenga que entrar al laboratorio y pues, los libros y documentos de resultados adornan mi lugar de trabajo con post-its de bienvenida en inglés, español y francés.

Desde la División de Ciencias Químicas e Ingeniería, edificio 241, les saluda un cocodrilo de corazón que llega tres días antes de que empiecen las clases. Por lo pronto, sigo viviendo en el laboratorio, caminando de lado a lado y ejercitando las batatas. ¿Se preguntan por qué? Esto es tan grande que a veces si quieres ir de edificio a edificio hasta volver a tu mismo dormitorio, vamos pedaleando en la bicicleta.

“Estamos donde sea, como el arroz blanco.”

Cambio y fuera.

Rubén Alexander García

Biología Celular Molecular (Segundo Año)

Universidad Metropolitana, Cupey

garciar@anl.gov

rgarcia177@email.suagm.edu

 

 

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