SAWADEE KAH DESDE TAILANDIA

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Aún tengo el recuerdo del momento cuando recibí el correo electrónico de que había sido aceptada al programa “College Vet” de Loop Abroad en Tailandia para el verano 2016. En ese momento todo lo que podía pensar era cómo lo iba a lograr y cuál sería mi estrategia para conseguir los fondos necesarios para poder asistir. No sólo eso, sino que antes de ser aceptada tuve mis dudas si debería tratar, ya que el programa está localizado en el otro lado del mundo, con otra cultura y costumbres y, sobre todo, lejos de mi familia y amistades, pero tuve a Saira, que aclaró todas mis dudas e inquietudes sobre el programa y con esto confirmé mi decisión de asistir. Antes de que comenzar a hablar sobre mi gran experiencia, quiero agradecerles a todos los que de una manera u otra me ayudaron y/o aportaron para que esto fuera posible. Fue una experiencia única y enriquecedora que nunca voy a olvidar, no sólo en el aspecto del área de veterinaria, sino también en lo cultural.

Cuando llegó el día tan esperado, el 24 de junio, sabía que me esperaban 19 horas de viaje para llegar a Tailandia. Primero viajé sola de San Juan a Nueva York, allí me encontré con algunos de diferentes grupos, compartimos y disfrutamos un poco de la Gran Manzana. Al otro día, sábado, 25 de junio, comenzaría mi gran experiencia. Salimos de Nueva York directo a Hong Kong. Ya en este majestuoso país hubo un choque de cultura tan intenso e increíble que no podía creer lo que veía, era fascinante. Luego de ahí viajamos a Chiang Mai, Tailandia y desde el momento que salí del aeropuerto me percaté de que este viaje iba a ser una aventura inolvidable. Al principio fue un poco difícil adaptarme a mis alrededores, la cultura era completamente diferente a la de nosotros y, por supuesto, no conocía a nadie, pero eso era parte de esta nueva experiencia.

La primera semana estuvimos en el Animal Rescue Kingdom, en donde tuvimos clases sobre diferentes temas como hacer exámenes físicos, identificar los diferentes parásitos y cómo sacar sangre, entre otros. También nos enseñaron cómo prepararnos para cirugías que conllevaron extraerle los ovarios o testículos a gatos y perros, esterilizar o castrar. Cada persona tenía una actividad específica asignada durante la cirugía, el mío fue cortar las suturas y la última incisión de la operación del perro. En otra operación que asistí pude presionar hacia afuera uno de los testículos de un gato. Fue una semana increíble de mucho aprendizaje y estudio. Por otro lado, con sólo darle atención y cariño a los perritos y gatitos me hacían el día, es un sentimiento inexplicable, especialmente porque las condiciones en que estaban no eran ideales pero estaban haciendo todo lo posible con los recursos que tienen disponibles.

Sin embargo, cuando terminábamos de trabajar cada día, siempre hacíamos algo relacionado con la cultura de Tailandia. Algunas veces aprendíamos palabras básicas, cómo pronunciarlas, ya que dependiendo de la pronunciación pueden tener diferentes significados. Mi parte favorita fue ir al mercado, ver todas las cosas hechas a mano por ellos, fue tan impresionante. Mientras estaba en el mercado fui a intentar una pedicura en donde sumergías tus pies en una tanque y peces comenzaban a comerse tu piel vieja. Todos los turistas y vendedores se estaban riendo y tomando fotos de mi porque la sensación era tan extraña que estaba gritando un poco, pero de seguro que no lo vuelvo a tratar. Después, nos despedimos de los perros del refugio. Nunca me voy a olvidar de ellos, en particular Nomkhon, un Siberian Husky que tocó mi corazón. Durante el fin de semana fuimos a un “ziplining” y visitamos varios templos. Esos días fueron muy especiales, todos los paisajes eran tan maravillosos que llegó un punto en que me sentí tranquila y en paz con el mundo.

La siguiente semana estuve en el Elephant Nature Park, que es un santuario y centro de rehabilitación para los elefantes rescatados, el cual lo fundó Lek Chailert. Durante toda esa semana nos enfocamos más en ayudar con las tareas de la rutina diaria del parque ya que tienen alrededor de 72 elefantes que hay que atender y cuidar. Una de las tareas era preparar la comida de los elefantes, unos limpiaben las sandías y otros preparaban las bolas de arroz que tenían plátano. También tuvimos la oportunidad de darle comida a los elefantes y fue una experiencia increíble, la sensación de su trompa en mi mano fue algo que nunca voy a olvidar. Entonces, el miércoles, mi día favorito de toda la semana, fue cuando nos tocó hacer el estudio de dieta con el elefante que escogimos, que se llama Sri Pai. Estuvimos desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde con Sri Pai, anotando todo lo que consumía, mas observando su comportamiento a lo largo del día. En un momento del día, una manada de elefantes se acercó a Sri Pai y ella casi nunca le gusta estar con otros elefantes que no sea su mejor amiga Yai Bua, pero empezó a jugar con el bebé de la manada y fue algo asombroso. Además, nuestro grupo pudo ayudar a la veterinaria de los elefantes y pudimos limpiar las heridas de algunos elefantes que estuvieron en accidentes y fue algo fuera de este mundo poder haber tenido esa oportunidad. Entre otras actividades que hicimos fuimos “tubing” en el río, jugamos trivia con todos los grupos y ayudamos y visitamos al refugio de perros y gatos que tienen localizado dentro del parque.

Entonces, llego el día menos esperado, el final de nuestro viaje, donde todos tuvimos que decirle adiós a nuestro mentores y líderes. Ahora lo que nos quedaba era regresar a nuestros destinos, pero en el transcurso poco a poco nos decíamos adiós y en esos momentos me di cuenta que en este viaje terminé con amigas para toda la vida. Nunca me olvidaré de esta experiencia que tuve por dos semanas, son recuerdos que siempre estarán conmigo hasta el final. En todo momento sentí como si fuera parte de una gran familia, eso fue una de las cosas que más me gustó de esa cultura, como ellos te hacen sentir como si fueras parte de algo más grande. Jamás me olvidaré de la segunda familia que tengo al otro lado del mundo en Chiang Mai, Thailand.

Cuando sea veterinaria tendré en mi agenda volver a ofrecer mi ayuda y apoyo y, quien sabe, a lo mejor me traigo un elefantito para acá.

 

 

 

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