Antes, durante y después

Las experiencias de internados permiten el desarrollo integral de los estudiantes de distintos campos de estudio. Estas se convierten en un reto que enriquecerá y cambiará sus vidas. En palabras de un estudiante: “Una sola experiencia puede cambiarlo todo”. He sido testigo de cómo los estudiantes se destacan por su participación en internados en y fuera de Puerto Rico.  Cada uno de ellos se convierte en embajador de nuestras instituciones, de nuestra juventud y de nuestro país.  En la carrera de cada uno de ellos, el internado es un punto culminante de una historia que puede tener varios desenlaces los cuales añadirán valor a su trayectoria académica.

Por ello, no nos cansamos de escuchar sus historias y de ver sus fotografías.   Nos alegramos cuando nos cuentan que fueron aceptados a un internado y  celebramos con ellos,  como si fuera el primero. Queremos leer el “email” o la carta que anuncia la buena noticia. Sabemos que para cada uno de ellos es su primera vez o, como si lo fuera, porque es una posible puerta hacia escuela graduada o hacia un empleo en su área de estudios. Lo disfrutamos con ellos porque pueden saborear  que están más cerca de alcanzar sus metas. Luego de la gran noticia comienzan a visualizarse en la experiencia, se preguntan quién o cómo será su mentor o supervisor. Saben  que podrán ser guiados por un mentor de gran experiencia, de una empresa o universidad local o internacional. Se preguntan quiénes serán sus compañeros. Seguramente,  compartirán con personas de distintas culturas e idiomas. Se inquietan y hasta se ponen nerviosos,  tal vez es la primera vez que salen de la Isla. Encontré las palabras de uno de mis estudiantes muy  reveladoras y sinceras cuando me contó que estuvo dos semanas llorando cuando se fue de internado porque le hacía falta su familia. Casi al finalizar la experiencia estuvo dos semanas más llorando pues no quería irse. Ya había establecido lazos de amistad con sus compañeros y su mentor del internado, amistades que tal vez perdurarán por toda una vida. Hoy, estudia un doctorado en neurociencias en la universidad donde hizo su internado.

Tal vez,  nuestro estudiante  es el primero de su familia que asiste a la universidad, el ejemplo para sus hermanos y primos, el orgullo de una madre y un padre. Nos identificamos con los padres, ellos también tienen miedo, pero saben que esta experiencia vale la pena porque le abrirá puertas a su hijo.

Cada año alrededor de 100 estudiantes de la UMET participan en internados. Todas estas historias y muchas más han sido posibles  gracias al empeño y esfuerzo de estudiantes, profesores, administradores y colaboradores que creemos en el valor de estas experiencias.

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  1. Carol says:

    Hola a todos!! Espero estén pasándola súper! Como subo foto???

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